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viernes, 23 de junio de 2017

X GYMKHANA FIN DE CURSO (23/06/2017).

El diccionario de la RAE define Gymkhana como ‘conjunto de pruebas de destreza o ingenio que se realiza por equipos a lo largo de un recorrido, normalmente al aire libre y con finalidad lúdica’. Y fieles a esta académica definición, el 23 de junio de 2.017, en el colegio "Infanta Cristina" de Puente Tocinos, hemos celebrado la "X Gymkhana-Fin de Curso 2.016/2.017", con la participación de todo el alumnado y el profesorado de este centro educativo, y de nuestro conserje (cronometrador oficial de la Gymkhana).

Los diez equipos participantes (Amarillo-Azul-Blanco-Lila-Marrón-Naranja-Negro-Rojo-Rosa-Verde), con 16-17
componentes cada uno de los mismos (niñ@s de 1º a 6º, "mezclados"), fueron pasando por cada una de las diez pruebas, de 5 minutos de duración cada una de ellas, y 1 minuto más para cambiar de una prueba a otra.

La Gymkhana de este curso ha tenido las siguientes pruebas:

1. "En corro... pasamos por el aro".
2. "El Caliche".
3. "Tres saltos a la comba larga... y a la corta".
4. "Dar a la diana con los dardos imantados".
5. "Tiro a la canasta con pelotas de distintos tamaños".
6. "El golazo de hockey-fútbol sala".
7. "Bailo con el frisbee sin que se me caiga de la cabeza".
8. "El Reto de la Botella".

9. "Bolos Huertanos".
10. "Tres toques de pelota con las palas".

A los tres equipos que más puntos consiguieron a lo largo de las 10 pruebas, se les entregaron diplomas y medallas de oro (1º, Equipo Rojo),  diplomas y medallas de plata (2º, Equipo Amarillo) y diplomas de bronce (3º, Equipo Lila). 

Y para terminar, homenaje a los equipos participantes en "Deporte Escolar 2016-2017", del colegio "Infanta Cristina", cuyos resultados han sido los siguientes:

1. Finalistas Regionales de Mate Benjamín Open.
2. Finalistas Regionales de Tenis de Mesa Alevín Open.
3. Finalistas Regionales de Ajedrez Alevín Open.
4. Cuartofinalistas Regionales de Voleibol Alevín Open.
5. Cuartofinalistas Regionales de Fútbol Sala Alevín Femenino.
6. Campeones Municipales de Fútbol Sala Alevín Femenino.
7. Semifinalistas Municipales de Fútbol Sala Alevín Open.
8. Semifinalistas Municipales de Mate Alevín Open.
9. Cuartofinalistas Municipales de Fútbol Sala Benjamín Open.
10. Subcampeones Municipales de Voleibol Alevín Open.
11. Campeones Municipales de Mate Benjamín Open.
12. Subcampeón Municipal de "Jugando al Atletismo Alevín", modalidad "Jabalina Femenino".
13. Subcampeón Municipal de "Jugando al Atletismo Alevín", modalidad "Balón Medicinal Femenino".
14. Bronce Municipal de "Jugando al Atletismo Alevín", modalidad "Triple Salto Femenino".
15. Bronce Municipal de "Jugando al Atletismo Alevín", modalidad "Equipos Femenino".
16. Campeón Municipal de "Jugando al Atletismo Alevín", modalidad "Triple Salto Masculino".
17. Bronce Municipal de "Jugando al Atletismo Alevín", modalidad "Jabalina Masculino".
18. Bronce Municipal de "Jugando al Atletismo Alevín", modalidad "Equipos Masculino".
19. Campeón Municipal de "Jugando al Atletismo Benjamín", modalidad "Relevos Femenino".
20. Subcampeón Municipal de "Jugando al Atletismo Benjamín", modalidad "Jabalina Femenino".
21. Subcampeón Municipal de "Jugando al Atletismo Benjamín", modalidad "Salto Femenino".
22. Subcampeón Municipal del concurso de dibujo "Murcia y su río", categoría 12 años.
23. Magnífica participación en "Campo a Través Benjamín y Alevín" (22 participantes).

Además, el alumnado de 2º y 3º ha participado en el módulo "Deporte Escolar:Bolos Huertanos", impartido por el presidente de la federación, D. Ángel Martínez.

El verano es un excelente tiempo de Gymkhanas. Las posibilidades que ofrece de "pasar un rato" entrañable, deportivo y divertido, son enormes. Además de las 10 pruebas citadas anteriormente, preparar y hacer una "carrera de sacos", un "triatlón", "lanzar globos de agua sin que exploten" (en la playa, con agua de mar, para no malgastar agua potable), jugar a la "rayuela", al "caliche", a la "petanca", a los "bolos huertanos", a llevar un vaso de agua en la cabeza para depositar el agua en recipiente (que luego emplearemos para regar las plantas), llevar entre dos una pelota "cabeza con cabeza" a una meta fijada, el "mate", el "pañuelo", la "gallina ciega", el "pillao", el "escondite"... es decir, los "Juegos de Ayer, de Hoy y de Siempre", nos permitirán disfrutar de un verano inolvidable.

¿Te animas a preparar tu propia Gymkhana?
 ¡Cuéntanosla, por favor!

sábado, 1 de agosto de 2015

LAS MATEMÁTICAS DEL AMOR (CURIOSO Y CIENTÍFICAMENTE PROBADO)

EN PORTADA

Descifrando las ecuaciones del amor

 Carlos Manuel Sánchez / Ilustraciones de Mekakushi - XL Semanal
¿Qué posibilidades tiene cualquiera de encontrar el amor? ¿Cuál es el momento para comprometerse? ¿Cómo sabemos que la relación durará? ¿Es mejor llamar o esperar a que te llamen? Los matemáticos se han lanzado a buscar el algoritmo perfecto para encontrar el amor y, entretanto, han hallado divertidas e interesantes respuestas.
Elegir pareja es una de las decisiones más importantes de nuestras vidas. Buena parte de nuestra felicidad depende de que conquistemos a la persona adecuada (o nos conquiste ella).
¿Las matemáticas nos pueden ayudar a no meter la pata? La investigadora británica Hannah Fry así lo cree... «Las emociones humanas no están tan ordenadas, ni son tan racionales ni predecibles. Pero eso no significa que las matemáticas no tengan nada que ofrecer, porque el amor como la vida está lleno de patrones. Y una parte sustancial de las matemáticas se dedica al estudio de patrones. Modelos que predicen desde el clima hasta las fluctuaciones en la Bolsa, pasando por el movimiento de los planetas o el crecimiento de las ciudades. Y ninguno de estos ejemplos es perfectamente ordenado ni fácilmente predecible», explica Fry.
Elegir implica probabilidad. Y la probabilidad es algo con lo que los matemáticos están familiarizados. Cuando alguien coquetea contigo en una fiesta, le da igual que seas tan guapo como George Clooney o Heidi Klum. Está tomando una decisión basada en las opciones disponibles en ese momento. Esas opciones se pueden definir con ecuaciones. Y existe toda una parcela de las matemáticas que se ocupa de ello: la teoría de la elección discreta. Somos (o creemos ser) libres, pero hay una cuantas reglas matemáticas que obedecemos. Y esas reglas son sorprendentemente fáciles de manipular. O como expone el economista Dan Ariely: «Somos irracionalmente predecibles».
Tan predecibles como que a todos nos atrae la belleza. Y, sin embargo, no es el rasgo más importante que buscaríamos en nuestra pareja. Compromiso, confianza, apoyo incondicional, capacidad de proveer por nuestro bienestar y, eventualmente, el de nuestra familia... Todas estas cualidades son decisivas. «Sin embargo, ¿por qué lo primero que nos atrae son unos labios carnosos o unos bíceps potentes?», se pregunta Fry. «¿Qué aporta una cara bonita cuando hay que cambiar los pañales del bebé a las cuatro de la mañana, o dentro de cincuenta años, cuando nuestra pareja tenga que reemplazar la bolsa de nuestro catéter? Y, sin embargo, algo tan efímero como la belleza nos obsesiona desde los albores de la civilización».
En busca del algoritmo perfecto
Que guapos y guapas nos atraigan tiene que ver con la simetría facial y corporal, que garantiza un sistema inmunitario robusto y que no hay mutaciones desagradables en el genoma. Fertilidad sin sobresaltos. Eso lo detectamos casi inconscientemente. Es la psicología evolutiva de la humanidad en su conjunto, impresa en nuestra psique desde las cavernas, la que decide por nosotros.
Pero los tiempos han cambiado desde la Prehistoria, y para los matemáticos un cambio fundamental es Internet. No solo porque una de cada tres parejas ya se conoce on-line, sino por todo el acervo de datos personales que se pueden contabilizar en los sitios de citas. «Estamos cerca, pero no existe aún el algoritmo perfecto que garantice la compatibilidad de dos personas, porque muchas veces no sabemos lo que queremos hasta que lo tenemos delante», reconoce Fry. «Lo que más me llama la atención de Internet es que lo atractivo que seas no define tu popularidad, y, de hecho, que haya gente que piense que eres feo puede jugar a tu favor. Uno debe explotar lo que realmente lo hace diferente».
Las matemáticas del amor
Hannah Fry es profesora de Matemáticas en el University College de Londres. Investiga modelos de comportamiento humano con un grupo de físicos, matemáticos, ingenieros informáticos... Acaba de publicar 'The mathematics of love' ('Las matemáticas del amor'), editado por TED, libro que detalla estrategias y patrones matemáticos para encontrar pareja y conservarla. Lea y haga cuentas.
¿Existe mi media naranja?
Es difícil de encontrar. Pero no imposible. La ecuación de Drake tiene la respuesta.
Un joven matemático inglés, el profesor Backus, tras años de total sequía amatoria, decidió buscarle una explicación al porqué de dicha catástrofe. Y alcanzó la fama con su trabajo titulado¿Por qué no tengo novia? Backus aplica la ecuación de Drake, que sirve para calcular si hay vida extraterrestre en nuestra galaxia. Se trata de trocear un problema complejo en un montón de cuestiones más pequeñas. Puedes equivocarte al responder alguna, pero esos pequeños errores tienden a compensarse unos con otros y, al final, la respuesta se aproximará mucho a la verdad...Backus circunscribe su búsqueda del amor a las mujeres solteras en el Reino Unido. La siguiente condición es que vivan en Londres. Que estén en una franja de edad similar a la suya, que tengan título universitario, que le caigan bien, que sean atractivas (exquisito él, calcula que solo una de cada diez le gustaría) y que, recíprocamente, le encuentren atractivo... El resultado es un pelín descorazonador para Backus: solo 26 mujeres en el mundo cumplirían esos requisitos. Lo que arroja una posibilidad de encontrar a su media naranja de una entre 285.000... Vamos, que es más probable encontrar vida inteligente en la Vía Láctea, pues la ecuación de Drake señala que 10.000 planetas cumplen las condiciones necesarias. Si Backus fuera menos exigente (por ejemplo, si incluyera en su búsqueda a mujeres sin título, o presuponiendo que encontrará guapas a más del diez por ciento de las candidatas), sus posibilidades aumentarían... Por si sirve de acicate, Backus, a pesar de ser tan tiquismiquis, se echó novia y se casó después de publicar su investigación.
Efecto señuelo
Si esta noche sale a buscar pareja, siga las leyes del 'marketing'.
Cuando A le tira los tejos a B en una fiesta, lo hace teniendo en cuenta las opciones disponibles en ese momento (C, D, E...) y comparando. Fácil, ¿no? Pues no tanto. Comparar magnitudes se les da bien a los matemáticos, pero no al resto de los mortales. Y, además, la belleza o la simpatía tampoco son fáciles de medir. Y pueden ponerle trampas. Un viejo truco, explotado por el marketing, es el efecto señuelo. Se trata de presentar una alternativa irrelevante para embaucar al comprador y que elija lo que queremos. Imagine un lineal del supermercado. El cubo de helado de 1 litro vale 10 euros. La tarrina de medio litro, 4. Los clientes elegirán la tarrina porque es más barata. Pero si añadimos una opción trampa la cosa se lía. Por ejemplo, un cubo de 0,75 litros por 9... Muchos picarán el anzuelo y se llevarán el cubo de 1 litro porque comparado con el de 0,75 es más barato, aunque el de medio litro siga siendo la mejor opción. Recuerde: la mente prefiere hacer comparaciones que requieran poco esfuerzo. En el caso del amor, una idea es ir a la fiesta con alguien parecido a nosotros, pero más feo o aburrido, eso potenciará nuestro atractivo.
Más le vale tomar la iniciativa
Aumenta sus posibilidades de éxito... según el algoritmo de Gale-Shapley.
Tenemos más posibilidades de emparejarnos con la persona que nos gusta si nos tiramos a la piscina. Puede que no tenga agua y nos demos un coscorrón en nuestro amor propio. Pero es más inteligente que esperar a que el objeto de nuestros anhelos se fije en nosotros. La razón es el algoritmo de Gale-Shapley, que premia a los lanzados y castiga a los que prefieren verlas venir... Este algoritmo se aplica en economía. El Premio Nobel Alvin Roth lo lleva a los mercados imperfectos, donde hay varios candidatos que aspiran a un mismo bien. Roth perfeccionó el método para los procesos de selección de las universidades. En el mercado del amor, las cosas no son muy diferentes. Vamos eligiendo y descartando opciones en sucesivas rondas. Hay dos grupos de personas. Las que eligen, por un lado, y las que aceptan o rechazan esa elección, por el otro. Compradores y vendedores.Así se van formando parejas.Pero con cada ronda van quedando menos opciones. Pues bien, los que eligen (compradores) siempre conseguirán la mejor opción posible. Puede que no sea su primera opción si les dan calabazas... Pero será la más asequible entre las mejores. Los que son elegidos (vendedores), o sea, los que esperan, suelen acabar con la menos mala... de las peores.
La primera cita
La teoría de juegos analiza cómo optimizar las posibilidades de éxito... masculinas.
La teoría de juegos pretende descubrir cuál será nuestro comportamiento teniendo en cuenta la recompensa que esperamos recibir y la conducta de los otros jugadores. Esto da lugar a curiosos experimentos. Por ejemplo, Peter Sozou y Robert Seymour dos matemáticos muy listos, pero algo machistas presuponen que, en la primera cita, el hombre solo busca sexo y las mujeres, compromiso. Y plantean que la mejor táctica masculina para lograr su objetivo no es hacer un regalo caro (como mucho, flores). Es mejor dar una buena propina en el restaurante. Es la misma política de las grandes empresas que poseen oficinas suntuosas. O que los machos de muchas especies de pájaros, dotados de plumajes coloridos. Ostentar para impresionar y dar a entender que se puede ser un buen proveedor, llegado el caso, pero sin adelantar nada. En esta guerra, la contabilidad de las 'éxitos' también es diferente según el bando. Cuando las mujeres cuentan las parejas sexuales que han tenido, hacen un recuento pormenorizado, citando incluso a sus amantes por su nombre. Es un método bastante exacto, pero tiende a subestimar el resultado si se les olvida alguien... Los hombres, por el contrario, redondean al alza, tienden a inflar las cuentas.
En la cama
¿Es usted un supernodo? Descúbralo aplicando la ley potencial... o mirando su agenda de contactos.
Muchas cosas pueden suceder cuando dos personas tienen sexo por primera vez: que empiece una nueva vida o una nueva infección; que lo disfruten o se arrepientan... Pero matemáticamente solo ocurre una cosa relevante: se crea una conexión en una red imaginaria. Una conexión de doble sentido. Pues ambas personas añadirán el nuevo vínculo al número total de parejas sexuales que hayan tenido.La mayoría de la gente solo tiene unas pocas parejas a lo largo de sus vidas. Pero hay unas pocas personas que tienen muchas. El número total de parejas sexuales de una persona sigue una distribución llamada 'ley potencial'. Este tipo de distribución crea conexiones que los matemáticos han bautizado como 'red libre de escala'. En este tipo de redes, algunos nodos están altamente conectados, es decir, poseen un gran número de enlaces a otros nodos, aunque el grado de conexión del resto es bastante bajo. Sucede también en las redes de carreteras, pues la mayoría de las carreteras llegan a unas pocas ciudades muy grandes, mientras que de la mayoría de ciudades pequeñas y pueblos salen pocas. Lo mismo es válido para las rutas marítimas y aéreas, unos pocos puertos y aeropuertos acumulan mucho tráfico, en detrimento de los demás... También las redes neuronales funcionan así. Las personas con muchas parejas serían supernodos. Cuanto más éxito tiene alguien en sus conquistas sexuales, más probabilidades hay de que siga acumulando muescas en la culata. Por eso identificar a los supernodos es tan importante a la hora de frenar una epidemia. Si un supernodo no toma las precauciones apropiadas, es más vulnerable a contraer la enfermedad y, sobre todo, a propagarla.
Los cuernos
Piense en el dilema del prisionero antes de lanzarse.
La infidelidad es una mala estrategia que perjudica tanto a la persona que lleva los cuernos como a la que los pone. Por lo menos, eso dicen los matemáticos que aplican el famoso dilema del prisionero. ¿Lo recuerdan? La Policía arresta a dos sospechosos. Son interrogados por separado y se les ofrece el mismo trato. Si uno confiesa y el otro no, el primero queda en libertad y el cómplice es condenado a diez años. Si ambos confiesan, serán condenados a seis años. Y si ambos lo niegan, solo a un año. ¿Qué hacer? Robert Axelrod estudió una variante que denomina 'dilema del prisionero iterado'. Aquí se juega repetidamente, por lo que, cuando se repite el juego, se ofrece a cada jugador la oportunidad de castigar al otro jugador por la no cooperación en juegos anteriores. Demostró que las estrategias egoístas son peores a la larga. El riesgo de que se pierda la confianza mutua y que la relación se trunque no compensa las canas al aire. La cooperación funciona, del mismo modo que una escapada de dos ciclistas. Si ninguno hace un esfuerzo para permanecer delante y quitarle el viento al otro, el pelotón los alcanzará. Si uno de los dos solo pretende chupar rueda, el otro acabará cansándose de hacer el primo...
¿Cuándo sentar la cabeza?
Antes de decir el «sí, quiero», saque lápiz y aplique la teoría de la parada óptima.
No es recomendable casarse con la primera persona que nos muestre algún interés. Pero tampoco conviene remolonear demasiado. ¿Cómo saber cuándo es el momento de sentar la cabeza? La teoría de la parada óptima es la mejor estrategia. En esencia, es un sutil equilibrio entre la paciencia para encontrar a la persona adecuada y la decisión para echarle el guante antes de que nos la 'birlen'. Imaginemos que alguien empieza a salir con gente a los 15 años y desea casarse alrededor de los 35. Las matemáticas dicen que lo que se debe hacer con el primer 37 por ciento de nuestros ligues es desecharlos como potencial serio de matrimonio. Y luego elegir a la siguiente persona que llegue que sea mejor que todas las anteriores. Pongamos que el destino nos va a emparejar un número equis de veces a lo largo de nuestra vida. Y que equis es igual a diez. En tal caso, deberíamos rechazar a nuestras cuatro primeras parejas y quedarnos con la siguiente que sea mejor que esas cuatro.El método no es fiable al cien por cien. Nuestro gran amor puede aparecer en el primer 37 por ciento y habría que rechazarlo... Pero estadísticamente aumenta hasta ocho veces nuestras posibilidades de acertar. «En la naturaleza existen ciertos peces que siguen esta estrategia a la hora de aparearse. Muchos humanos también lo hacemos. Nos damos un tiempo para tantear el mercado cuando somos jóvenes. Y empezamos a buscar candidatos matrimoniales cuando llegamos a mediados o finales de los veinte años», resume Fry.
... Y comieron perdices
La ecuación de Murray puede predecir qué sucederá en una carrera armamentística... y en su matrimonio.
Seis de cada diez matrimonios en España terminan en divorcio. ¿Cómo predecir si una pareja durará o acabará rompiéndose? Un psicólogo, John Gottman, observó a cientos de parejas conversando y grabó las conversaciones, expresiones faciales, ritmo cardiaco, presión arterial, conductividad de la piel, si decían cosas positivas o se quejaban... Así pudo pronosticar si una pareja se divorciaría con una precisión del 90 por ciento. Pero no fue hasta asociarse con un matemático, James Murray, cuando se empezaron a entender las causas. Las ecuaciones de Murray dependen del estado de ánimo de la persona, sobre todo cuando está con su pareja. Estas ecuaciones se pueden aplicar también a lo que sucede entre dos países en una carrera armamentista y predecir si habrá guerra.El factor más importante es el umbral de negatividad. Siempre se pensó que las relaciones más exitosas eran aquellas con un umbral muy alto; es decir, aquellas que solo discuten los asuntos realmente espinosos y corren un tupido velo con las minucias del día a día. Pero las matemáticas demuestran lo contrario. Las parejas más sólidas son las que tienen un umbral muy bajo de negatividad. No pasan por alto las cosas... Así no dejan que asuntos triviales terminen siendo grandes problemas. Mejor discutir que callar.

domingo, 31 de mayo de 2015

¿ESTÁS (CON)CENTRADO?

NEUROLOGÍA

¿Estás (con)centrado?

 Kerstin Kullman - XL Semanal
Responder un mensaje de texto, echar un vistazo al correo electrónico, el sonido del WhatsApp... Cada vez tenemos más distracciones y los psicólogos hablan ya del fenómeno de la mente errabunda. La falta de atención no es solo cosa de niños. La buena noticia es que la concentración y la constancia pueden entrenarse. Se lo contamos.
Los empleados empiezan, de media, una tarea nueva cada 11 minutos. Pero no concluyen el 57 por ciento de las labores que inician. ¿Le suena? Los datos pertenecen a un estudio realizado por psicólogos de la Universidad de California.
La mayoría de sus tareas se veían interrumpidas por correos, llamadas o compañeros. Pero otra buena parte se quedaba a medias sin causa aparente. Es decir, el 50 por ciento de la jornada laboral se consume en pasar de una ocupación a otra. 
Este estudio es uno de los muchos que se están llevando a cabo para analizar y solucionar uno de los problemas derivados de la tecnificación de la sociedad: la falta de atención o dificultad para concentrarse en una sola tarea. Un mal que no es ni mucho menos un problema de niños.
La economista Christine Porath realizó en 2013 un estudio con veinte mil trabajadores en los Estados Unidos, a quienes les preguntó con qué facilidad se distraían. El 80 por ciento dijeron que eran incapaces de concentrarse en una sola tarea y dos tercios admitieron dificultades a la hora de establecer prioridades. La Oficina Federal de Protección Laboral Alemana encuestó a casi veinte mil empleados. El 44 por ciento admitieron que sufrían numerosas interrupciones durante el trabajo y el 50 se sentían agobiados por tener que hacer cada vez más tareas al mismo tiempo. 
Y no nos sucede solo en el trabajo, la cosa continúa en casa. Muchas personas ya no se limitan a sentarse delante de la tele después de cenar: prácticamente la mitad aprovecha para entrar en Internet a la vez. La gente busca información sobre zapatos para los niños o sobre las próximas vacaciones durante la emisión de su serie favorita. Motivos para distraerse los hay a todas horas. En el trabajo, en casa, on-line y off-line.
Algunos psicólogos se refieren con el término 'mente errabunda' a ese fenómeno que consiste en no tener el pensamiento en lo que se está haciendo. Y parece que la mente errabunda no es una bendición precisamente.
Hace un par de años, los psicólogos Matthew Killingsworth y Daniel Gilbert de la Universidad de Harvard pidieron a voluntarios de todo el mundo que informaran de sus actividades mediante una aplicación para smartphone. Participaron unas cinco mil personas de 83 países.
Se contactaba con los voluntarios de forma aleatoria y se les hacía una serie de preguntas: '¿Qué está haciendo usted en este momento?', '¿cómo se siente con lo que está haciendo?'.
El resultado: casi la mitad de los participantes no estaban a lo que estaban. Lo sorprendente es que en las fases de divagación y despiste se sentían más infelices que cuando tenían la mente concentrada en el aquí y el ahora.
La conclusión de los investigadores es que: «Pagamos un precio emocional a cambio de nuestra capacidad de pensar en lo que no está pasando». Pero ¿por qué a tantas personas les cuesta mantener fija la concentración?
DISTRAERSE ES COMO UNA DROGA. 
El neurocientífico Daniel Levitin ha investigado lo que ocurre en el cerebro cuando no hacemos lo que teníamos intención de hacer. En su libro 'La mente organizada' describe el proceso. La aparición de nuevos estímulos provoca que el cerebro libere dopamina. Este neurotransmisor del sistema de gratificación cerebral es responsable de que nos sintamos bien. La dopamina se segrega al practicar deporte, consumir drogas o mantener relaciones sexuales, por ejemplo, pero también al recibir los pequeños estímulos procedentes de las pantallas de nuestros ordenadores, tabletas o móviles: propuestas irresistibles, mensajes en la bandeja de entrada, comentarios y 'Me gusta' en Facebook...
Según Levitin, esta liberación constante de dopamina en el cerebro da lugar a un bucle que se retroalimenta: «El efecto es que recibimos una gratificación por dejar de concentrarnos, razón por la que, a su vez, buscamos permanentemente nuevos estímulos externos».
Si ya cuesta concentrarse en las tareas pequeñas, ¿qué pasa con los grandes planes? ¿Por qué algunas personas consiguen cumplir objetivos que exigen meses o incluso años de dedicación, como las tesis doctorales o correr un maratón, mientras que otras fracasan? ¿Mantenerse firme en algo y ser perseverante se puede entrenar?
Eso intentan en el departamento de terapia psicológica de la Universidad de Münster, a donde vienen personas que se sienten incapaces de lidiar con sus problemas de concentración.Estudiantes que no se ven capaces de preparar el examen de licenciatura y tiran la toalla; autónomos que han perdido sus empresas por no llevar al día la contabilidad; y médicos, abogados o asesores fiscales enfrentados a reclamaciones y demandas por haber descuidado sus obligaciones... no porque hayan sufrido una enfermedad o tengan un obstáculo que se lo impida, sino por postergar continuamente el trabajo.
LA FALTA DE CONSTANCIA. 
La terapia que practican en esta universidad está dirigida a personas que sufren el mal de la procrastinación, como se denomina la tendencia a aplazar las cosas, a dejarlo todo para otro día. Como consecuencia de esa actitud, los pacientes acaban desarrollando trastornos del sueño, ansiedad y depresión. Los psicólogos calculan que entre el 8 y el 14 por ciento de los estudiantes universitarios sufren este tipo de trastorno. Y creen que en otros grupos de población las cifras son similares. 
Para corregir este trastorno, son relevantes las investigaciones de Thomas Metzinger profesor de Filosofía Teórica en la Universidad Johannes Gutenberg de Mainz, que se dedica al estudio de la mente errabunda.
Según Metzinger, una persona se pasa dos tercios del día deambulando de un lado a otro de su cabeza, arrastrada por un caos de pensamientos que la acompaña toda su vida. La mente humana se pasa la mayor parte del tiempo sumida en una especie de cotorreo interior. La lista de cosas que tocamos en este pensar sin pensar es larga: recuerdos, planes más o menos urgentes, recurrentes pensamientos tristes... Pero también son habituales los pensamientos neuróticos, los sentimientos de culpa o el repaso de errores pasados. Y a todo tenemos que sumarle ensoñaciones varias y fantasías sexuales.
Metzinger describe ese torbellino en la cabeza como «el estado de reposo narrativo» de la mente. Lo contrario a este deambular errático es la atención, la capacidad de dirigir el foco interior hacia un objetivo concreto. 
TAREAS A LARGO PLAZO. 
Pero ¿cuál es la dosificación correcta? ¿A partir de qué punto el deambular mental, algo consustancial al ser humano, se convierte en algo dañino?
«En el momento en el que nuestro foco interior se mueve demasiado de un lado a otro», dice Metzinger.
El profesor de Filosofía asegura haber observado que, desde hace cinco años, sus estudiantes a duras penas pueden seguir las clases durante más de 20 minutos seguidos. Pasado ese tiempo, tiene que ofrecerles algún tipo de 'entretenimiento', ponerles un vídeo corto, provocar una discusión. A partir de ese momento, lo que tiene ante él son estudiantes «en estado de reposo narrativo», es decir, con un torbellino en la cabeza.
Metzinger también sabe que distraerse de vez en cuando puede ser muy positivo para el proceso creativo, pero la mente errabunda es un peligro. 
«Porque la mente errabunda amortigua las emociones asociadas a lo que sucede a nuestro alrededor», responde Metzinger. Un frecuente deambular mental nos va privando de la capacidad de ser conscientes de la realidad, de percibir nuestra vida como es. «La mente errabunda suele ser una forma de huir. Solo el que reconoce la realidad tal y como es está en condiciones de cambiarla». 
¿Y cómo frenar esa mente errabunda, cómo recuperar la capacidad de atención y esfuerzo?El prestigioso profesor de Psicología Médica Ernst Pöppel, de 74 años, se ha dedicado a este asunto durante mucho tiempo. Fue él quien descubrió qué es lo que los seres humanos perciben como presente: es aquello que ocurre en un espacio de dos a tres segundos. Durante tres segundos podemos dirigir toda nuestra atención a algo, pasado ese tiempo hacemos una breve pausa en la que comprobamos si ha sucedido algo nuevo. Este mecanismo nos permite concentrarnos en algo concreto, pero a la vez no perder de vista el presente por si amenazara algún peligro. 
Sin embargo, Pöppel cree que este presente ha cambiado en los últimos años. «Estamos desbordados por tanto estímulo». Habla de «paralización frenética» para referirse a que, con la avalancha de informaciones que recibimos de forma constante, nos resulta imposible saber con exactitud cuáles son las verdaderamente necesarias. «Uno se pierde en ese remolino». Por lo tanto, la capacidad de forzarse a mantener la concentración es fundamental. Pero ¿cómo se aprende a hacer eso?
La clave: La superación.
«¿Qué cómo se aprende a hacer lo que hay que hacer? Pues simplemente haciéndolo», dice Pöppel. «Hay que experimentar la superación, ponerla en práctica. La superación de la propia pereza una y otra vez. Porque siempre hay alguna excusa a mano».Casi todas las actividades añade el psicólogo, ya sea comer, beber o amar, van unidas a una sensación inmediata de gratificación. Sin embargo, esta recompensa inmediata no está presente en las tareas a largo plazo. ¿Cómo te puedes ayudar a perseverar? Pöppel aconseja fijarse pequeños objetivos intermedios, metas que se puedan alcanzar en menos tiempo. También sentarse todas las noches y anotar lo que ha ido bien y lo que no, hacer una autoevaluación para valorar los avances propios, lo que él denomina «llevar un cuaderno de bitácora».
Añade que todo el mundo debería dedicar al menos una hora al día a «hacer lo que hay que hacer», es decir, trabajar sin distracciones. ¿Y si suena el teléfono? Para Pöppel, eso no es un problema. Pase de ello. «¿Se imagina qué pasaría si una empresa, o incluso todo un país, suspendiera las comunicaciones todos los días de once a doce de la mañana? pregunta el psicólogo. Pues que tendríamos el mayor impulso creativo que se pueda imaginar».
Qué pasa en el cerebro cuando nos distraemos
Los psicólogos describen los continuos estímulos externos que nos distraen como una pequeña inyección de energía que activa nuestro mecanismo de la adicción. Cada aviso que suena en nuestros móviles puede suponer una oportunidad para nuestro progreso social, sexual o económico. Y el cerebro se sobreexcita. Recibimos múltiples 'minigratificaciones' de ese tipo. Su efecto conjunto es muy poderoso y resulta muy complicado resistirse a él.
La mente errabunda. Cómo reacciona el cerebro a la distracción.
1. El córtex prefrontal es el centro de gobierno del cerebro. Analiza los estímulos exteriores y se encarga de reaccionar en consonancia. De esa manera, el cerebro puede atenuar la percepción de aquellos elementos que provoquen distracción y mantener la concentración durante periodos prolongados.
2. El sistema límbico participa en el control de los procesos conductuales e intelectuales. Pequeñas distracciones, como el aviso acústico de la llegada de un nuevo e-mail, un 'Me gusta' de Facebook o de un tuit hacen que el centro de las emociones del cerebro ponga en marcha la liberación de neurotrans-misores como la dopamina, la llamada 'hormona de la felicidad'.
3. El efecto gratificante de la dopamina hace que la persona se distraiga con más facilidad y que el córtex prefrontal se vuelva menos activo.
Un caso concreto: el de un asesor fiscal
La psicoterapeuta alemana Anna Höcker está especializada en tratar trastornos relacionados con la concentración. Cuenta el caso de un asesor fiscal de 40 años, casado y con dos hijos que llegó a su consulta. El paciente pasó años sin terminar de tramitar casos y dejando pasar los plazos, motivo por el cual acabó en los tribunales. Buscó ayuda médica cuando iba a perder el trabajo. Un caso grave. Y lo peor es que, en realidad, se pasaba el día en la oficina. 
¿Cómo es posible? «Todos los días se proponía rematar un caso», cuenta Höcker. «Pero luego pensaba que otro caso podría ser más urgente», así que movía los expedientes y se perdía en tareas triviales.
Los psicólogos fijaron dos sesiones diarias con el asesor fiscal, en cada una de las cuales debía sentarse con los documentos sobre el escritorio. El café tenía que estar listo y el móvil, apagado. Solo entonces le permitían empezar con el trabajo propiamente dicho.
Al cabo de 20 minutos, alto. Tiempo, boli fuera... no le permitían trabajar más. Si conseguía mantener la constancia durante ese tiempo y lo empleaba de forma productiva, le iban permitiendo trabajar cada vez un poco más.
«La idea es impedir que los pacientes sigan pensando que, en caso de necesidad, son capaces de trabajar diez horas seguidas». Porque en realidad no pueden hacerlo; de hecho, casi nadie puede.
El asesor fiscal pronto manifestó su descontento con la terapia. ¿Qué sentido tenía parar a la media hora si podía seguir trabajando? Los terapeutas habían alcanzado su meta: se había dado cuenta de lo valioso que era su tiempo de trabajo.
«El objetivo de nuestra terapia no es aumentar la eficiencia de las personas en sus empleos dice Höcker. De lo que se trata es de recuperar su calidad de vida». Lo que indirectamente redunda en su eficacia.
Para saber más:
'The organized mind: thinking straight in the age of information overload'. (En inglés). De Daniel J. Levitin. Penguin. 
'Los límites de la conciencia: realidad y percepción humana'. De Ernst Pöppel. Galaxia Gutemberg.

domingo, 17 de mayo de 2015

ORFANATOS, ¿UN DAÑO IRREPARABLE?

LOS 136 BEBÉS DEL DOCTOR NELSON

Orfanatos, ¿un daño irreparable?

 Por Johann Grolle - XL Semanal
Un equipo de neurocientíficos de la Universidad de Harvard han estudiado durante 15 años la evolución de 136 niños rumanos criados en un orfanato. Sus conclusiones acaban de hacerse públicas y desvelan de manera escalofriante la importancia de los primeros mil días de vida y sus consecuencias.
Lo peor, dice Charles Nelson, era el silencio. Ese lúgubre silencio en los dormitorios de St. Catherine, donde los pequeños miraban al techo desde sus camitas callados como tumbas.«Ninguno de los niños lloraba cuenta Nelson. ¿Para qué? Nadie les iba a hacer caso».
St. Catherine fue en su día el mayor orfanato de Bucarest. Cuando el psicólogo de Harvard Charles Nelson lo visitó por primera vez, hace ya 15 años, vivían allí 400 niños. «Tenía unas instalaciones estupendas», comenta el investigador. Un paraíso a primera vista... si no hubiese sido por el silencio de los niños.
Lo que vio y escuchó en St. Catherine fue un shock, una experiencia que le cambió la vida. Llevaba muchos años dedicado al estudio del desarrollo mental de los niños, pero nunca se habría podido imaginar que viviría algo así. Nelson todavía se acuerda de los niños afectados por la sífilis, con el cerebro ya invadido por esta porque nadie les había diagnosticado correctamente esta enfermedad. O de aquel chico con hidrocefalia; los médicos no habían querido colocarle una válvula especial, llamada shunt, porque conseguirla resultaba demasiado laborioso. 
Más difícil de aguantar era la sensación de desamparo que se respiraba en el orfanato. Niños de ocho años con el cuerpo de niños de tres se acercaban a Nelson y le cogían de la mano, se aferraban a él... Otros se quedaban sentados en el suelo desnudo de la sala de juegos, como ausentes, balanceando el torso adelante y atrás, sin parar. Mientras, las enfermeras se quedaban en la sala de televisión charlando y fumando. 
Trabajar aquí fue muy duro para Nelson y su equipo. Decidieron imponerse una regla básica: «Nunca llorar delante de los niños». No todos consiguieron cumplirla. El Proyecto de Intervención Temprana de Bucarest nació para documentar las consecuencias sociales de la desatención y su posible tratamiento. Nelson y sus colaboradores han pasado los últimos 14 años levantando acta del horror, y acaban de publicar los primeros resultados. Los niños a los que conocieron de bebés o cuando solo tenían unos pocos años de vida se han ido adentrando ya en la adolescencia. Según las alarmantes conclusiones de los investigadores, todos han sufrido daños mentales graves. En numerosas ocasiones, la desatención y las carencias socioafectivas tienen unos efectos más devastadores que el maltrato o los abusos sexuales.
Una dramática lotería. 
Los científicos optaron por un experimento bastante inusual para llevar a cabo su estudio. Comenzó en el año 2000 con una dramática lotería, un procedimiento que podría parecer insensible, hasta cruel: metieron en un sombrero 136 papeletas numeradas y dobladas. Cada una de ellas escondía el destino de un niño. 
Previamente, habían seleccionado a 136 pequeños físicamente sanos, con edades entre los 6 y los 31 meses. Fueron las papeletas sacadas al azar las que determinaron los 68 que serían entregados a familias de acogida. Los otros 68 se quedaron en St. Catherine.
«Claro que no nos gustó tener que privar a esos pobres niños de la posibilidad de curarse explica Nelson. Pero la alternativa hubiese sido que todos se quedaran en el orfanato». Dividir a los niños les daba a los científicos la oportunidad de comparar el desarrollo de ambos grupos.
Encontrar a las familias de acogida adecuadas resultó una tarea complicada en una ciudad en la que todo el mundo considera retrasados mentales a los niños de los orfanatos y en la que las personas que acogen a niños desconocidos pasan a ser sospechosas de pedofilia. Pero al final consiguieron reunir suficientes familias para llevar a cabo el proyecto. 
 Empieza el experimento: electroencefalogramas
Además de psicólogo, Nelson es neurocientífico. Llevaba más de 20 años estudiando las corrientes cerebrales de los niños, y su intención era seguir haciéndolo en Rumanía: quería descubrir si el déficit social de los niños también había afectado a las señales producidas por sus redes neuronales. Bajo la desconfiada mirada del personal rumano, su equipo levantó en St. Catherine un laboratorio equipado para realizar electroencefalografías. Los niños se sentaban allí con electrodos conectados a sus cabecitas.
Los picos y curvas de los encefalogramas reflejan la devastación que reina en las mentes de los pequeños. Especialmente sus ondas beta, consideradas un indicador del estado de alerta, eran mucho más débiles que en los niños normales. «Era como si estuvieran aletargados, como medio apagados», dice Nelson.
Lo mismo sucedía con su inteligencia: es cierto que no resulta sencillo medirla en bebés y niños pequeños, pero la denominada 'escala de desarrollo mental de Bayley' está considerada como un buen reflejo del cociente intelectual. 
De media, los huérfanos alcanzaban un valor de 74, apenas un poco mejor que el de niños con discapacidad intelectual. Sus habilidades comunicativas estaban en mucho peor estado. Vocabulario, gramática, comprensión oral... en todas las facetas quedaban muy por detrás de los niños de la misma edad criados fuera de orfanatos.
Un mensaje positivo... pero limitado
A pesar de estos resultados, los científicos tienen un mensaje positivo: los cuidados recibidos en las familias de acogida han conseguido despertar la actividad mental de los niños. Los resultados más llamativos se registraban en el test de comunicación oral: apenas llegados a sus nuevos entornos, con las familias de acogida, los pequeños se lanzaban a hablar a trompicones y, al poco tiempo, sus habilidades podían equipararse a las de los niños 'normales' de su misma edad. Sus cocientes intelectuales también aumentaron; de media, subieron más de diez puntos. 
Eso sí, solo unos pocos niños alcanzaron el nivel habitual en su rango de edad. Muchas de las habilidades intelectuales parecían haber quedado irreparablemente dañadas, especialmente entre los de mayor edad. 
«Concluimos que en torno a los dos años se cierra una ventana en el desarrollo de los niños», dice Nelson.
El psicólogo sospecha que en los dos primeros años se crean los circuitos sobre los que luego se asienta la futura inteligencia. En esta fase temprana, el cerebro está hambriento de estímulos que impulsen su desarrollo. «Necesita experiencias tanto como el oxígeno», dice Nelson. Sin estímulos exteriores, las neuronas se marchitan en lugar de interconectarse. Los investigadores pudieron hacer visible este fenómeno gracias al uso del tomógrafo. 
Si los daños han sido graves y prolongados, el cerebro no logra recuperarse, por muchos cuidados que luego reciban los pequeños. Las tomografías muestran que entre los niños criados con familias de acogida, la sustancia gris formada por los cuerpos de las neuronas tampoco había crecido hasta alcanzar un grosor normal. 
Justo lo contrario ocurría con la sustancia blanca, la formada por las fibras mediante las cuales unas neuronas se conectan a otras. En los niños criados en las familias de acogida, su volumen era claramente mayor. Incluso el denominado 'cuerpo calloso' la estructura que comunica ambos hemisferios cerebrales había ganado en grosor y densidad. Por lo tanto, mientras que la cantidad de neuronas permanece limitada, sí que se puede hacer que las células nerviosas disponibles aumenten el número de sus conexiones. «Y eso se manifiesta en forma de una mayor inteligencia», asegura Nelson.
El mejor ejemplo del sprint intelectual que se puede realizar si se cuenta con las condiciones favorables es el protagonizado por el pequeño Florin: «Poco antes de cumplir un año, su cociente intelectual fue de 90 cuenta Nelson. Tras permanecer cuatro años con la familia, su inteligencia se ha situado en torno al 120».
Otros daños irreversibles e invisibles
Lo que los investigadores del equipo de Charles Nelson han reunido en estos 14 años de estudioses un angustioso registro de los efectos de la falta de atención y socialización en los niños. El más evidente es un déficit generalizado: el cuerpo de los huérfanos es mucho más pequeño que el de los otros niños de su edad, el crecimiento presenta un retraso de unos cuatro años. Los médicos hablan de un 'enanismo psicosocial'. 
Una investigación más minuciosa certificó la existencia de otros daños menos visibles. Los extremos de los cromosomas de los niños, los llamados 'telómeros', eran mucho más cortos de lo normal. Este fenómeno se considera un indicio claro de un envejecimiento prematuro. Los científicos habían descubierto así que los niños llevarían de por vida en sus células un recordatorio del abandono padecido durante sus primeros años de existencia.
Los científicos se topaban con déficits de todo tipo allá donde buscasen. La vida emocional de los niños, por ejemplo, demostró ser enormemente pobre. No estaban en condiciones de manifestar alegría o entusiasmo y apenas eran capaces de reconocer reacciones de ese tipo en los demás.
Muchos de los niños presentaban un comportamiento que los expertos llaman 'estereotipia':movían el cuerpo de un lado a otro, agitaban los brazos o mostraban otras señales de hospitalismo, síndrome habitual en los bebés separados de sus madres nada más nacer.A esto se añadían con frecuencia manifestaciones de trastornos psicológicos: la depresión y los trastornos de ansiedad o de atención eran mucho más frecuentes entre ellos que en los niños criados en entornos familiares. 
En torno al cinco por ciento de los huérfanos estudiados se habían refugiado en sí mismos. Se mostraban apáticos, indiferentes e inaccesibles. Los investigadores llamaron 'cuasiautismo' a este fenómeno. «Esos niños se comportaban como si nunca habían aprendido a establecer relaciones con los demás,» explica Nelson.
Más habitual era otro patrón de comportamiento con el que los investigadores se encontraron en St. Catherine: la mayoría de los niños se mostraban ansiosos de contacto humano, pero manifestaban esta necesidad de una manera arbitraria, prácticamente con cualquier persona.
Para poder investigar de una forma más precisa el desapego emocional de los pequeños huérfanos, los investigadores decidieron escenificar la visita de un desconocido, que les decía a los niños que estaba allí para llevarse a uno de ellos, así, sin dar más explicaciones. Casi todos se dejaron llevar sin ofrecer resistencia, una despreocupación que casi nunca aparece en niños con una vinculación sana con sus padres.
Y era este rasgo, la vinculación estable y segura con sus nuevos padres, lo que más influencia tenía en el comportamiento de los niños entregados a las familias de acogida. Cuanto más rápida era la integración de los niños en su nuevo entorno social, más rápida era también su mejoría. La mente y el cuerpo parecían recuperarse al mismo ritmo. Cuantos más centímetros crecían sus cuerpos, más puntos subían sus resultados en las pruebas de cociente intelectual. Charles Nelson asegura que en todos los casos estudiados pudo confirmar una sencilla regla: «La mejor cura para los síntomas de la desatención y el abandono es el vínculo de apego».
Los científicos del grupo de Nelson regresarán en los próximos meses a St. Catherine. Mediante sus cuestionarios, pruebas y electrodos, comprobarán cómo han evolucionado los niños en el orfanato y en sus familias de acogida. «Los más mayores de nuestro estudio tienen ya 15 años señala Nelson, es decir, ya tienen edad suficiente para poder apreciar hasta qué punto la pertenencia a una familia ofrece protección».
Los huérfanos rumanos
En Rumanía hay muchos orfanatos. En 1990 había 170 mil niños abandonados. De ahí que se lleven a cabo en ese país estudios infantiles, como en el St. Catherine. Con sus impactantes resultados, el doctor Nelson busca concienciar a todas las autoridades involucradas, de Estados Unidos y de cualquier país, sobre la urgencia de evitar que en el futuro sigan existiendo niños institucionalizados.
Investigar sobre el terreno
Charles Nelson es neurólogo y psiquiatra del Hospital Infantil de Boston. Él lidera el equipo que investiga la evolución de los niños que pasaron sus primeros años en el orfanato St. Catherine de Rumanía. Arriba, con uno de esos bebés que fue dado a una familia de acogida.
La importancia de los primeros mil días
PASOS DE GIGANTE. Los primeros mil días de vida son decisivos. El bebé da pasos de gigante en sus habilidades cognitivas. 
CONEXIONES NEURONALES. El cerebro del bebé pesa 300 gramos y tiene casi cien mil millones de neuronas. A medida que recibe estímulos, las neuronas se interconectan hasta alcanzar varios cientos de billones de sinapsis a los tres años. Para entonces habrá alcanzado el 85 por ciento de su desarrollo.
UN CHORRO DE ESTÍMULOS. El cerebro de un bebé nunca se sacia. Los estímulos ambientales son imprescindibles para que las neuronas se conecten. Solo para agarrarse al pecho de la madre necesita activar veinte reflejos.
PODA SINÁPTICA. ¿Qué pasa con los circuitos que no se usan? Que se vuelven inservibles. Es lo que se conoce como 'poda sináptica'. La neurona no muere, pero los axones (o ramas) inútiles se 'mustian'. 
LA 'DIETA' LINGÜÍSTICA. Los niños de padres con estudios universitarios escuchan unas 2153 palabras por hora. Los de familias con progenitores sin estudios, 616. A los 14 años, el gap acumulado será de 30 millones de palabras. Una 'dieta' lingüística pobre en la infancia genera adultos con dificultades para expresarse. 
PIEL CON PIEL. El contacto físico con la madre es vital. El neonatólogo Adolfo Gómez Papí (Hospital Universitario de Tarragona) señala que el bebé se siente uno con su madre. Cuando llora, solo ella lo puede tranquilizar. El amor de su madre regula sus emociones, hace madurar su sistema nervioso y le enseña a responder ante el estrés. La empatía se aprende con caricias.